-
Si bien es posible distinguir con claridad una estirpe de autores que ha cultivado exclusiva y constantemente la narrativa de terror, sobre todo en países de habla inglesa, también es posible encontrar sus huellas en otras geografías.
-
En México los escritores se han caracterizado históricamente por su tendencia al costumbrismo, sin embargo existe una constante macabra que se refleja no sólo en la narrativa sino en la poesía e incuso en la pintura.
-
Tenemos a nuestros escritores “excéntricos”, esa lista que incluye entre otros a Juan José Arreola, Amparo Dávila, Francisco Tario y Guadalupe Dueñas. Todos ellos escribieron al menos un relato que incluye elementos que podrían enmarcarse sin problemas dentro de la narrativa de terror. Pero también lo hicieron Carlos Fuentes, Juan Rulfo, José Emilio Pacheco y Elena Garro, escritores consagrados.
-
Aura, de Carlos Fuentes, y Pedro Páramo de Juan Rulfo, son el ejemplo perfecto. Aura es una historia de terror sobrenatural, y Comala es un pueblo habitado por fantasmas.
-
En la literatura nacional hay cierto estigma sobre los mal llamados subgéneros literarios, familia en la que suele incluirse al terror, la ciencia ficción y el policíaco. A los que se acusa de lesa literatura, o en el mejor de los casos, mero entretenimiento.
-
México es un país con una tradición oral muy rica. De las historias que nos contaron nuestros mayores, historias que a su vez escucharon ellos durante su infancia, y que nosotros seguimos cultivando, la mayoría son “de miedo”. La llorona, los nahuales, el hombre del costal, la mano peluda y las historias de día de muertos, todas forman parte de nuestra educación sentimental. En este contexto, lo natural, a simple vista, sería encontrar un campo fértil para la práctica de la narrativa de terror.
-
Dice el escritor Bernardo Esquinca, y dice bien, que México es un país cuya historia cuenta con marcados elementos de religiosidad y superstición; un país al que le ha costado mucho trabajo reconciliarse con su pasado, y quizá esto redunde en la poca atención que sus autores han dado a lo sobrenatural.
-
Aventuro una hipótesis complementaria: La cercanía histórica entre los intelectuales y el Estado, en particular con los gobiernos “de la Revolución”, ha institucionalizado el costumbrismo en las letras nacionales. Un escritor que no se ampara a dicha sombra es un “excéntrico”.
-
Aunque el ninguneo prevalece, los autores nacidos en México a partir de 1960 han comenzado a revertir esta situación. Se trata de autores que escucharon las historias de los abuelos, que han leído a los clásicos universales e hispanoamericanos, pero que también crecieron con un televisor en casa y que han visto al menos una película de monstruos gigantes. Para ellos la cultura pop es parte vital de su ecosistema.
-
A propósito, los monstruos más famosos (el vampiro, el hombre lobo, el zombi –el monstruo moderno por excelencia) han sido asimilados por la cultura popular, y si bien todavía protagonizan relatos de terror no siempre es el caso. No es raro encontrarlos en comedias y parodias de todo tipo.
-
Es importante reiterarlo: la literatura de terror no descansa necesariamente en los monstruos, aunque estos sean un elemento importante; tampoco depende del extrañamiento ante lo sobrenatural, o lo cósmico. El miedo quizá sea la emoción humana más básica, el miedo a lo desconocido, a la enfermedad, a la oscuridad y al dolor. Algunos de los mejores textos de terror que se escriben en la actualidad son los que exploran estos miedos.
-
La literatura de terror que se está escribiendo en México hoy día goza de buena salud. Aún es poca, pero es lo suficientemente variada y original para demostrar que no se trata de ninguna moda ni de una adaptación de lo que se hace en otros países.
-
Algunos de los libros mexicanos contemporáneos que me parece reflejan mejor lo dicho son: La ruta del hielo y de la sal (José Luis Zárate), Los niños de paja, Demonia (Bernardo Esquinca), Fantásmica (Carlos Bustos), Olfato (Andrés Acosta), El mecanismo del miedo (Norma Lazo), El diablo me obligó (FG Haghenbeck), El libro de las pasiones (Mario González Suárez), La noche caníbal (Luis Jorge Boone), De oscuro latir, Entonces las bestias (Federico Vite), 7 esqueletos decapitados (Antonio Malpica), El abismo: asomos al terror hecho en México (Rodolfo JM).
Saturday, March 09, 2013
13 ideas sobre la literatura de terror hecha en México
Thursday, February 21, 2013
Las prohibiciones del porno
Literalmente,
la censura es: la criminalización y difusión de ciertas acciones.
En los Estados Unidos de Norteamérica, la Primera Enmienda de la Constitución dice:
“se prohíbe que la legislatura… haga una
ley que prohíba la libertad de culto, de expresión, de prensa, de reunión, o de
petición”. Es decir: literalmente prohíbe la prohibición de cualquier
expresión pública. En este contexto, el negocio de la pornografía, entendida
como la representación gráfica de un encuentro sexual consensuado entre adultos, parecería tener el camino libre para un
desarrollo ilimitado, sin embargo en San
Fernando Valley, Los Ángeles California, Estado considerado históricamente
liberal y casa de la industria pornográfica norteamericana, existe un lista de
prohibiciones conocida por su acrónimo: CURBFHP,
y que sin ser letra escrita sirve a la procuraduría adjunta de la Ciudad de Los
Ángeles para regular la producción pornográfica.
El significado de cada letra del acrónimo es el siguiente:
- C: Children involved. Niños involucrados.
- U: Urination or defecation in conjuction
with sex acts. Orina o defecación en conjunto con
actos sexuales
- R: Rape scenes. Escenas de violación
- B: Bestiality. Bestialismo.
- F: Fist or foot insertion. Inserción
del puño o el pie.
- H: Homicide and dismemberment in
conjuction with sex acts. Homicidio o
desmembramiento en conjunto con actos sexuales
- P: Severe infliction of pain. Severa inflexión de dolor.
No
perseguimos a la gente por tener sexo unas con otras,
–dice la procuraduría-, incluso si se
trata de una situación en la que está involucrada mucha gente. No importa si se
trata de sexo vaginal o anal. No perseguimos lo extremo, perseguimos lo “muy”
extremo.
Para algunos directores y productores, el mercado mismo se auto regula. Si filmas una película “demasiado” extrema, los distribuidores no la tomarán y entonces el negocio ya no será rentable. Sin embargo los distribuidores no representan el verdadero obstáculo ya que la venta se puede realizar desde la Internet, evitando intermediarios y llegando a los interesados de cualquier parte del mundo.
Para algunos directores y productores, el mercado mismo se auto regula. Si filmas una película “demasiado” extrema, los distribuidores no la tomarán y entonces el negocio ya no será rentable. Sin embargo los distribuidores no representan el verdadero obstáculo ya que la venta se puede realizar desde la Internet, evitando intermediarios y llegando a los interesados de cualquier parte del mundo.
Durante la administración de George W. Bush, que antes de
los atentados del 11S lanzó una
cruzada contra los pornógrafos, el abogado Paul Cambria, representante legal de
gente como Larry Flint y Marilyn Manson, así como de muchos peces gordos de San Fernando Valley, elaboró una lista
de actos que recomendaba evitar para mantenerse lejos de posibles problemas legales.
Los actos enlistados incluían las siguientes prácticas:
Escenas en las que se muestre dolor o degradación; eyaculaciones en la cara;
escupir de boca a boca; usar comida como objeto sexual; incluir ataúdes; dobles
penetraciones; penetraciones homosexuales; escenas transexuales; escenas bisexuales;
diálogos degradantes; menstruación; incesto; y sexo interracial.
Para la mayoría de los productores y directores de San Fernando Valley, eliminar esas prácticas
equivalía a eliminar el entretenimiento para adultos tal como se entiende en el
mundo de la pornografía, sin embargo, temerosos de las posibles represalias del
gobierno republicano, saludaron la Lista
Cambria como una “guía sugerida” no para las películas sino para sus portadas, y
declararon abiertamente su desagrado por dos personajes que no dejaban de
provocar a la administración Bush: Max Hardcore y Rob Black.
Max Hardcore
El verdadero nombre de Max Hardcore
es Paul Little, productor, director y actor de películas protagonizadas por
mujeres vestidas como niñas preadolescentes. Sus escenas solían ser de una
rudeza notable e incorporaban actos de vómito y orina, así como el uso de
aparatos propios de un consultorio de ginecología. Rob Black, responsable de
algunas de las colecciones más repugnantes y violentas del porno de la década
pasada, decía que el tipo de escena que quería hacer era uno en el que un
hombre entrara al cuarto de una mujer, tuviera sexo con ella y luego le
disparase con un arma de fuego en la cabeza.
La gota que derramó el vaso para Max
Hardcore fue su película Max Extreme 4,
en la que una de las actrices afirmaba, en pleno acto sexual, tener doce años.
La película que provocó la caída de Rob Black y su esposa Lizzy Borden, fue Forced entry en la que una chica es
raptada, forzada a tener sexo extremo contra su voluntad, humillada
verbalmente, y al final acuchillada, todo esto filmado con una temblorosa
cámara de mano, como si se tratara de un film snuff. Tanto Max, como Rob y su esposa, fueron procesados por obscenidad,
encontrados culpables, y sentenciados a cumplir condena en la cárcel.
Curiosamente la defensa en ambos juicios presentó el mismo argumento: los
pornógrafos eran patriotas americanos que ejercían su derecho a la libertad de
expresión, y que además eran víctimas de un gobierno que malgastaba recursos
persiguiendo a sus propios ciudadanos en lugar de combatir al verdadero
enemigo: el terrorismo islámico.
Si bien los casos de Max Hardcore y Rob Black, representan los mayores éxitos de la censura contra la industria pornográfica norteamericana, el nombre de Adam Glasser, mejor conocido como Seymore Butts, director especializado en sexo anal y responsable de la película Tampa Tushy Fest, en la que dos mujeres practican el fisting, representa su mayor fracaso.
A diferencia de los abogados de Max
y Rob, los de Adam Glasser contraatacaron con libros sobre diversidad sexual
para demostrar que el fisting es una
práctica sexual con alto arraigo en las comunidades lésbico gays, y que
declararla obscena era una muestra de intolerancia hacia estos grupos.
Glasser ganó el juicio, con los consiguientes beneficios en
ventas producidos por el morbo de quienes deseaban ver la película, y recibió
el reconocimiento de la industria por haber vencido públicamente al sistema.
Diariamente
se filman escenas de fisting en varios países del mundo
–dijo Adam Glasser en una entrevista posterior al juicio-; aquí en América se filman escenas en las que se introducen cuatro
dedos, y hasta ocho; pero ningún pulgar porque entonces es considerado fisting,
y eso está prohibido. No lo entiendo. Entiendo lo de la violación y el
homicidio; entiendo lo de la bestialidad y la pornografía infantil. Pero
cualquier acto consensuado entre dos adultos debe ser aceptado.
Sin embargo el triunfo de Glasser no sólo puso en entredicho
la congruencia moral de la Procuraduría Adjunta de Los Ángeles sino el de la
sociedad norteamericana en conjunto. Una sociedad que promueve y tolera
abiertamente el uso de armas de fuego y su venta a grupos criminales y
fundamentalistas de cualquier orientación, pero que se escandaliza ante las
prácticas sexuales ajenas.
Tuesday, February 19, 2013
Cabinas y Glory holes
Sábado por la tarde. Eje Central Lázaro Cárdenas, Ciudad de México. Hay nubarrones en el cielo y un río de gente por la acera. Algunos hombres entran a ciertos edificios, como si fueran a guarecerse de la inminente lluvia, pero basta mirar con atención las ventanas de estos edificios para distinguir, en letras de neón, las palabras mágicas: Cabinas.
Lo primero que se observa al entrar es un letrero con
las siguientes reglas: mayores de 18 años, sin mochilas ni alimentos,
estrictamente prohibido fumar. Sin embargo el requisito principal e
indispensable es entrar a solas. Si se cumplen los requisitos, el interesado
elegirá entonces una película entre cientos que reposan sobre exhibidores. Una
vez elegida la película, el interesado tomará la caja, se presentará con ella
frente al mostrador, la entregará al dependiente y elegirá el tipo de servicio
que desea: treinta minutos, una hora; o ese que incluye película completa,
refresco en lata y un bono por treinta minutos gratis para hacer válidos en su
próxima visita.
La cabina es una pequeña habitación de un metro por un
metro, con una silla de plástico y un monitor de televisión empotrado en la
pared del centro; junto a la pantalla del monitor hay dos botones que
corresponden al avance y al retroceso automático, único poder que tendrá el
espectador sobre la película. No se necesita más. En una de las esquinas hay un
bote de plástico para basura y un rollo de papel higiénico. El monitor en la
pared del centro se enciende. Una mujer rubia, desnuda, sostiene sus pechos y
los ofrece ante la cámara. Inicia la función.
El dependiente de la sex shop intenta convencerme de su
responsabilidad social: “No queremos que la gente nos vea como lugares de alto
riesgo para el contagio de enfermedades”, me dice. “Por eso no tenemos hoyos y sólo
admitimos gente sola”. Lo cierto es que hay otros lugares, como la Zona rosa,
donde hay sex shops famosas por sus “hoyos”, es decir sus glory holes, así como por sus cabinas VIP, que son el equivalente a
una mini habitación de hotel y donde es posible entrar acompañado sin mayores
problemas. También están las del rumbo de Garibaldi, famosas por su cercanía
con bares de sórdida reputación. En ambas zonas, y sin ningún disimulo, se
ejerce el intercambio sexual y la prostitución masculina. De hecho, para muchos
integrantes de las comunidades LGBT, las cabinas, más que un riesgo, son punto
de encuentro, un espacio de libertad para quienes gustan del cruising, y opinan que los propietarios
de las tiendas deberían incluir condones en el precio de entrada.
“Hay unos que ya se vieron casi todas”, me dice el dependiente de
la sex shop a la que he entrado, en Eje Central Lázaro Cárdenas, señalando con
un guiño cómplice hacia los clientes y las películas de los estantes. Entre los
clientes, todos de sexo masculino, el margen de edad que observo es amplio;
diría que entre los 20 y los 60 años. Van vestidos de diferentes maneras: de
mezclilla y camiseta, de saco y corbata. Difícil determinar una preferencia
sexual por su apariencia exterior. Se trata de gente como con la que tratas
todos los días, en la oficina y el transporte público, en el gimnasio y el bar.
En cualquier parte. Gente que busca un rápido y anónimo desahogo sexual. No hay
necesidad de preguntar si el negocio es rentable; en una ciudad como ésta nunca
habrá escasez de gente sola.
Wednesday, February 13, 2013
Gang bang Ciudad de México II
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Gangbang, please?
4.- El edificio se encuentra justo en la
esquina de Lucerna y Bucareli. El portón es de madera gruesa, flanqueado por
una accesoría donde venden refacciones para auto. Tras dar la contraseña y subir los dos primeros pisos llego a un departamento donde me abre una mujer vestida sólo con un conjunto de encaje rojo. Guapa a
pesar del sobrepeso. Me invita a pasar y me pide que me siente en un
sofá doble. Le entrego los trescientos pesos de mi aduana y recibo a cambio una
bolsa negra en la cual debo guardar mi ropa y el resto de mis pertenencias. A
la bolsa, una vez cerrada, le pegan una etiqueta con un número. Mi contraseña.
Sólo puedo pasar hasta que me he quedado nomás con los zapatos y los calzones puestos. La cortina negra que divide aquella improvisada
recepción del resto de la casa se corre para mí: puedo ver a un grupo de veinte
o veinticinco personas. Todas, al igual que yo, en ropa interior. Las que se
encuentran sentadas, la mayoría parejas y mujeres solas, platican entre sí. En
el centro de la sala, con el volumen apagado, un televisor proyecta una
película pornográfica de temática bisexual. Hay también una pequeña grabadora
con reproductor de CD, tocando una selección de canciones de Olvido García. Los que están de pie son hombres solos, representan
el setenta por ciento de los asistentes y sólo uno o dos aparentan tener menos
de treinta años. Evitan el contacto visual con los otros hombres y se refugian
tras un vaso de vodka, tequila o ron, las bebidas que hay disponibles en un
mueble junto a la cocina y de las que puedes servirte a discreción.
Son las diez cincuenta y
cuatro de la noche. Los juegos, según el programa, inician a las once de la
noche. A esa hora se cierra la puerta y se deja de recibir gente. No importa,
para esa hora ya hay poco más de cincuenta personas en la casa. Un cálculo
inexacto me permite suponer que esas cincuenta personas representan un ingreso
de entre diez y quince mil pesos por noche. Entonces aparece Rodrigo, nuestro
anfitrión, y, en una parodia involuntaria de El club de la pelea, nos da la bienvenida y nos repite las reglas,
aunque la más importante de ellas no es precisamente la discreción (la primera regla del club de la pelea es que
no se habla del club de la pelea). La primera, y la más importante de las
reglas de Orbi es: respetar el no de
los demás.
5.- Según la leyenda, a las fiestas de
Rodrigo acuden algunas celebridades menores, como cierta actriz de la
televisora del Ajusco. Al menos eso es lo que se lee en las reseñas que Rodrigo publica en su grupo de discusión en
Internet. Aunque en ellas nunca dice si la celebridad participa activamente del
gang bang, o si sólo acude en plan vouyer. Si quieres saber de quién se trata,
y lo que hace, dice Rodrigo en las reseñas, tendrás que asistir a una fiesta.
También, de cuando en cuando, acuden algunas de las celebridades del “ambiente”
de la ciudad de México. Travestis; bailarines; físico culturistas y scorts. Hay
una pareja preciosa, me cuenta Rodrigo, parecen Ken y Barbie. Nomás cojen entre
ellos, pero les gusta que los vean. Cuando vienen es todo un éxito.
Esta noche no hay visitas
especiales. Allá están los veteranos, el núcleo duro de las reuniones: tres
parejas y tres mujeres solas, todos mayores de cuarenta. En aquella
otra esquina están los travestis, casi todos, lo confiesan, de closet. Acuden a
las fiestas para salir al balcón cuando menos unas horas a la semana.
Curiosamente todos visten conjuntos de ropa interior negra.
Dentro del grupo de
hombres solos destacan los militares, su corte de cabello y su manera de
moverse, envarada y sigilosa, los delata. Junto a ellos está otro grupo de
hombres, uno que parece saber muy bien a lo que va. Son los asiduos, y al igual
que los militares no discriminan mujer o travesti. Siguen los turistas y los
exploradores, aunque son pocos y un aura indefinible los delata. Los turistas
resaltan como mosca en una taza de leche, suelen estar fuera de sitio en
cualquier lugar. Los exploradores –entre quienes me cuento- nos mimetizamos y
hacemos lo posible por pasar desapercibidos. Cosa que en realidad no resulta tan dificil, por extraño que parezca. No faltan los borrachos, por supuesto, o los que en determinado momento le piden a
Rodrigo que les devuelva su dinero porque “no hay viejas para cojer”. Cosa que no es
del todo cierta, suele haber un promedio de entre seis y doce mujeres por reunión. Aunque suelen estar ocupadas
con los más jóvenes, algunas de ellas “demasiado” ocupadas. Rodrigo les dice a los
borrachines que no están en un putero, y enérgico los invita a retirarse.
6.- La güera tiene cuarenta y ocho años,
o al menos eso es lo que me dice. No hay que olvidar que todos los que llegan
aquí lo hacen bajo una identidad secreta, no son las mismas personas que suelen
ser durante el día. De hecho, tienen otros nombres y otras historias. Yo mismo,
cuando la güera me pregunta cómo me llamo le digo que Jaime. Por cierto, vale
la pena describir a la güera: Es bajita, delgada, de piel bronceada y con el
pelo teñido de rubio cenizo, peinado como Bonnie Tyler en Total eclipse of the heart. Viste un conjunto de encaje negro
adornado con pequeñas calaveritas blancas colocadas estratégicamente a la
altura de los pezones y el pubis. Me cuenta que es originaria de Puerto
Vallarta, donde tiene su agencia de viajes y su Harley, pero que de momento está de vacaciones en la ciudad de
México. Me pregunta en qué trabajo y si estoy casado o tengo novia. Me pregunta
si ya he asistido antes a un club de sexo: ¿ni
si quiera has ido a uno swingers? Ante mi ignorancia decide contarme su
experiencia en clubes swinger y la diferencia de estos con Orbi:
–Yo no sabía de qué se
trataba este club, pensé que era swinger la primera vez que vine. Porque a mí
me gustan los tríos. ¿Pero sabes de qué se trata? Vienen a buscar hombres.
Fíjate allá –me dice señalando con un gesto de cabeza a la esposa de un
hombrecito silencioso y calvo-, se está poniendo de acuerdo con el chavo. Le
pregunta si se la quiere cojer y cuando el chavo le dice que sí, ella le dice que
con una condición, que se debe cojer al esposo también.
Según me dice la güera, y
a diferencia de lo que cuenta Rodrigo, hay noches en que sólo llegan diez o
quince personas. En contraste, hoy es una buena noche. A veces para atraer
gente, continúa la güera, Rodrigo contrata a alguna prostituta joven para que
venga de incógnito. Luego en las reseñas escribe que llegó a la fiesta una
chica joven y sola que hizo esto y aquello con fulano y sultano. El resultado,
por lo general, es que a la siguiente fiesta llegan muchos “nuevos”,
ilusionados con la joven ninfómana desconocida.
Es la una de la mañana y
yo tengo que retirarme. A esas alturas la historia que le he contado a la güera
acerca de mí se ha ampliado bastante. Le he dicho que soy contador público, casado,
y que mi esposa y yo queremos experimentar en este tipo de clubes, pero que
como nunca lo hemos hecho y nos da miedo llegar así sin saber nada, decidimos
que primero debía ir yo solo y valorar distintos clubes hasta encontrar el que
fuera más de acuerdo con nuestra personalidad y gustos. La güera festeja
nuestra decisión y me dice que mientras nos decidimos podríamos ir, mi esposa y
yo, a tomar una copa con ella, en su departamento. A ver que pasa, añade. Anota
su teléfono en una servilleta y antes de que me vaya me pide que la llame para
ponernos de acuerdo. Busco a Rodrigo, le doy mi contraseña y recibo a cambio la
bolsa negra con mi ropa dentro. Me visto en la misma sala donde me recibieron
y regreso a las calles de la ciudad. Antes de subir a mi coche observo una vez
más el edificio del que he salido. Quién lo dijera: parece dormir.
*Esta crónica apareció originalmente en la columna Parásitos del paraíso, que se publicó entre 2011y 2012 en el suplemento cultural Guardagujas, de La Jornada Aguascalientes. Sin embargo los hechos narrados ocurrieron durante 2008.
*Esta crónica apareció originalmente en la columna Parásitos del paraíso, que se publicó entre 2011y 2012 en el suplemento cultural Guardagujas, de La Jornada Aguascalientes. Sin embargo los hechos narrados ocurrieron durante 2008.
Tuesday, February 12, 2013
Gang bang Ciudad de México I
1.-
Gang bang
es un término compuesto por dos palabras en inglés. Gang, que literalmente significa pandilla, y bang, onomatopeya que puede traducirse como estruendo, explosión, o
golpe. En el mundo de la pornografía el término se utiliza para identificar
aquellas películas en que una persona mantiene relaciones con más de tres
individuos. No hay que confundir con orgía, termino que implica un grupo de
personas en una situación en la que es posible el intercambio sexual entre
todos. El Gang bang es un ejercicio
de avidez, de resistencia, de sometimiento, y algunas veces de humillación. En
nuestro país dicha práctica podría traducirse, de manera poco literal aunque
con toda justicia, como “Echar montón”, a diferencia del “Todos contra todos”
que implica la orgía. Y contrario a la creencia de que esas cosas no suceden en
nuestra casa, déjeme decirle, estimado lector, que en “el ambiente” de la
ciudad de México ambas prácticas son más que una moda.
2.- Lo primero que llama la atención de
estas fiestas, a diferencia de los clubes swinger
(heterosexuales y gays) que sólo permiten el acceso a personas de su
preferencia sexual, es su democracia.
Somos
un grupo de personas bisexuales disfrutando libremente de su sexualidad. Gays,
Transgeneros, y Heteroflexibles ¡bienvenidos!
Así dice el mensaje de bienvenida en
la página de Internet de Orbi, grupo
pionero en la organización de fiestas gang
bang en la Ciudad de México. Lo siguiente a tomar en cuenta es su
accesibilidad. A diferencia de los ya mencionados clubes privados cuyas
membresías se reparten a cuentagotas, para poder asistir a las reuniones de Orbi sólo es necesario darse de alta en
su foro de Internet. Allí se puede tener acceso al directorio de usuarios, a
los álbumes de fotos y sobre todo al calendario de fiestas. Si se está
interesado en acudir a alguna se debe llamar a un teléfono móvil donde el
fundador y anfitrión de Orbi,
Rodrigo, dará santo y seña.
La dinámica de las
fiestas según se lee en las reseñas que Rodrigo escribe cada semana en el foro,
es la que sigue: recepción de asistentes de siete a once de la noche, hora en
que se cierra la puerta y dan inicio los juegos, que van desde lanzamiento de
dados hasta competencias de penes o nalgas. Después, cuando las inhibiciones se
han relajado lo suficiente, en uno de los cuartos inicia el gang bang. Suele ser una, o dos, en
ocasiones tres, las anfitrionas dispuestas a recibir a cuantos quieran y
puedan. Los interesados se congregan alrededor de la cama que ocupa la anfitriona
y mientras observan esperan su turno. No es todo, hay otras habitaciones, en cada una está sucediendo algo.
3.- De acuerdo a las instrucciones en la
página de Internet de Orbi, me di de
alta como usuario en su foro. Un par de días más tarde recibí la autorización a
mi solicitud. Las autorizaciones las realiza el propio Rodrigo, quien me
explica que por regla general sólo rechaza aquellas de “gentes que de plano se
leen muy enfermas”. Aprovechando mi estatus de nuevo socio lo primero que
hice fue revisar el calendario de fiestas. La más cercana sería ese mismo
viernes y para mi suerte sería una noche de “fantasías”. “Gang bang, Bukkake, Dobles y triples penetraciones. Gran noche de
fantasías. ¡Ven a cumplir la tuya!” Llegado el viernes, alrededor de medio
día, marqué el número que aparecía en la convocatoria. Me respondió la voz de
un hombre joven. Le dije que estaba interesado en asistir a la reunión de esa
noche. Sin dudarlo, la voz me dio un domicilio y una contraseña.
-Cuando toques el
interfón –me dijo- te van a preguntar a quién buscas. Diles que vas al ensayo
de la obra de teatro.
Ese
mismo día, ya de noche, me estacioné frente al edificio donde se realizan las
reuniones de Orbi y observé a mi
alrededor: las calles lucían tranquilas, solitarias incluso para una noche de
viernes. Un taxi se detuvo junto a mí y una pareja salió de sus puertas. Por la
edad y el físico bien podrían haber sido mis vecinos de departamento: un contador público y una ama de casa, ambos en sus cincuenta, con dos
hijos adolescentes y otro más en la primaria. Les observé tocar el timbre del
mismo departamento que yo había ido a visitar. “Venimos al ensayo de la obra de
teatro”, les escuché decir ante el interfón. La puerta del edificio se abrió
para ellos.
*Esta crónica apareció originalmente en la columna Parásitos del paraíso, que se publicó entre 2011y 2012 en el suplemento cultural Guardagujas, de La Jornada Aguascalientes. Sin embargo los hechos narrados ocurrieron durante 2008.
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