Thursday, February 21, 2013

Las prohibiciones del porno



Literalmente, la censura es: la criminalización y difusión de ciertas acciones. En los Estados Unidos de Norteamérica, la Primera Enmienda de la Constitución dice: “se prohíbe que la legislatura… haga una ley que prohíba la libertad de culto, de expresión, de prensa, de reunión, o de petición”. Es decir: literalmente prohíbe la prohibición de cualquier expresión pública. En este contexto, el negocio de la pornografía, entendida como la representación gráfica de un encuentro sexual consensuado entre adultos, parecería tener el camino libre para un desarrollo ilimitado, sin embargo en San Fernando Valley, Los Ángeles California, Estado considerado históricamente liberal y casa de la industria pornográfica norteamericana, existe un lista de prohibiciones conocida por su acrónimo: CURBFHP, y que sin ser letra escrita sirve a la procuraduría adjunta de la Ciudad de Los Ángeles para regular la producción pornográfica.

El significado de cada letra del acrónimo es el siguiente:

  • C: Children involved. Niños involucrados.
  • U: Urination or defecation in conjuction with sex acts. Orina o defecación en conjunto con actos sexuales
  • R: Rape scenes. Escenas de violación
  • B: Bestiality. Bestialismo.
  • F: Fist or foot insertion.  Inserción del puño o el pie.
  • H: Homicide and dismemberment in conjuction with sex acts. Homicidio o desmembramiento en conjunto con actos sexuales
  • P: Severe infliction of pain. Severa inflexión de dolor.
No perseguimos a la gente por tener sexo unas con otras, –dice la procuraduría-, incluso si se trata de una situación en la que está involucrada mucha gente. No importa si se trata de sexo vaginal o anal. No perseguimos lo extremo, perseguimos lo “muy” extremo.

Para algunos directores y productores, el mercado mismo se auto regula. Si filmas una película “demasiado” extrema, los distribuidores no la tomarán y entonces el negocio ya no será rentable. Sin embargo los distribuidores no representan el verdadero obstáculo ya que la venta se puede realizar desde la Internet, evitando intermediarios y llegando a los interesados de cualquier parte del mundo.
Durante la administración de George W. Bush, que antes de los atentados del 11S lanzó una cruzada contra los pornógrafos, el abogado Paul Cambria, representante legal de gente como Larry Flint y Marilyn Manson, así como de muchos peces gordos de San Fernando Valley, elaboró una lista de actos que recomendaba evitar para mantenerse lejos de posibles problemas legales. Los actos enlistados incluían las siguientes prácticas: Escenas en las que se muestre dolor o degradación; eyaculaciones en la cara; escupir de boca a boca; usar comida como objeto sexual; incluir ataúdes; dobles penetraciones; penetraciones homosexuales; escenas transexuales; escenas bisexuales; diálogos degradantes; menstruación; incesto; y sexo interracial.
Para la mayoría de los productores y directores de San Fernando Valley, eliminar esas prácticas equivalía a eliminar el entretenimiento para adultos tal como se entiende en el mundo de la pornografía, sin embargo, temerosos de las posibles represalias del gobierno republicano, saludaron la Lista Cambria como una “guía sugerida” no para las películas sino para sus portadas, y declararon abiertamente su desagrado por dos personajes que no dejaban de provocar a la administración Bush: Max Hardcore y Rob Black.
            
Max Hardcore

El verdadero nombre de Max Hardcore es Paul Little, productor, director y actor de películas protagonizadas por mujeres vestidas como niñas preadolescentes. Sus escenas solían ser de una rudeza notable e incorporaban actos de vómito y orina, así como el uso de aparatos propios de un consultorio de ginecología. Rob Black, responsable de algunas de las colecciones más repugnantes y violentas del porno de la década pasada, decía que el tipo de escena que quería hacer era uno en el que un hombre entrara al cuarto de una mujer, tuviera sexo con ella y luego le disparase con un arma de fuego en la cabeza.
            La gota que derramó el vaso para Max Hardcore fue su película Max Extreme 4, en la que una de las actrices afirmaba, en pleno acto sexual, tener doce años. La película que provocó la caída de Rob Black y su esposa Lizzy Borden, fue Forced entry en la que una chica es raptada, forzada a tener sexo extremo contra su voluntad, humillada verbalmente, y al final acuchillada, todo esto filmado con una temblorosa cámara de mano, como si se tratara de un film snuff. Tanto Max, como Rob y su esposa, fueron procesados por obscenidad, encontrados culpables, y sentenciados a cumplir condena en la cárcel. Curiosamente la defensa en ambos juicios presentó el mismo argumento: los pornógrafos eran patriotas americanos que ejercían su derecho a la libertad de expresión, y que además eran víctimas de un gobierno que malgastaba recursos persiguiendo a sus propios ciudadanos en lugar de combatir al verdadero enemigo: el terrorismo islámico.
            

Si bien los casos de Max Hardcore y Rob Black, representan los mayores éxitos de la censura contra la industria pornográfica norteamericana, el nombre de Adam Glasser, mejor conocido como Seymore Butts, director especializado en sexo anal y responsable de la película Tampa Tushy Fest, en la que dos mujeres practican el fisting, representa su mayor fracaso.
            A diferencia de los abogados de Max y Rob, los de Adam Glasser contraatacaron con libros sobre diversidad sexual para demostrar que el fisting es una práctica sexual con alto arraigo en las comunidades lésbico gays, y que declararla obscena era una muestra de intolerancia hacia estos grupos.
Glasser ganó el juicio, con los consiguientes beneficios en ventas producidos por el morbo de quienes deseaban ver la película, y recibió el reconocimiento de la industria por haber vencido públicamente al sistema.
Diariamente se filman escenas de fisting en varios países del mundo –dijo Adam Glasser en una entrevista posterior al juicio-; aquí en América se filman escenas en las que se introducen cuatro dedos, y hasta ocho; pero ningún pulgar porque entonces es considerado fisting, y eso está prohibido. No lo entiendo. Entiendo lo de la violación y el homicidio; entiendo lo de la bestialidad y la pornografía infantil. Pero cualquier acto consensuado entre dos adultos debe ser aceptado.
Sin embargo el triunfo de Glasser no sólo puso en entredicho la congruencia moral de la Procuraduría Adjunta de Los Ángeles sino el de la sociedad norteamericana en conjunto. Una sociedad que promueve y tolera abiertamente el uso de armas de fuego y su venta a grupos criminales y fundamentalistas de cualquier orientación, pero que se escandaliza ante las prácticas sexuales ajenas.


Texto publicado originalmente en El libro negro del sexo, edición 2010

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