Gangbang, please?
4.- El edificio se encuentra justo en la
esquina de Lucerna y Bucareli. El portón es de madera gruesa, flanqueado por
una accesoría donde venden refacciones para auto. Tras dar la contraseña y subir los dos primeros pisos llego a un departamento donde me abre una mujer vestida sólo con un conjunto de encaje rojo. Guapa a
pesar del sobrepeso. Me invita a pasar y me pide que me siente en un
sofá doble. Le entrego los trescientos pesos de mi aduana y recibo a cambio una
bolsa negra en la cual debo guardar mi ropa y el resto de mis pertenencias. A
la bolsa, una vez cerrada, le pegan una etiqueta con un número. Mi contraseña.
Sólo puedo pasar hasta que me he quedado nomás con los zapatos y los calzones puestos. La cortina negra que divide aquella improvisada
recepción del resto de la casa se corre para mí: puedo ver a un grupo de veinte
o veinticinco personas. Todas, al igual que yo, en ropa interior. Las que se
encuentran sentadas, la mayoría parejas y mujeres solas, platican entre sí. En
el centro de la sala, con el volumen apagado, un televisor proyecta una
película pornográfica de temática bisexual. Hay también una pequeña grabadora
con reproductor de CD, tocando una selección de canciones de Olvido García. Los que están de pie son hombres solos, representan
el setenta por ciento de los asistentes y sólo uno o dos aparentan tener menos
de treinta años. Evitan el contacto visual con los otros hombres y se refugian
tras un vaso de vodka, tequila o ron, las bebidas que hay disponibles en un
mueble junto a la cocina y de las que puedes servirte a discreción.
Son las diez cincuenta y
cuatro de la noche. Los juegos, según el programa, inician a las once de la
noche. A esa hora se cierra la puerta y se deja de recibir gente. No importa,
para esa hora ya hay poco más de cincuenta personas en la casa. Un cálculo
inexacto me permite suponer que esas cincuenta personas representan un ingreso
de entre diez y quince mil pesos por noche. Entonces aparece Rodrigo, nuestro
anfitrión, y, en una parodia involuntaria de El club de la pelea, nos da la bienvenida y nos repite las reglas,
aunque la más importante de ellas no es precisamente la discreción (la primera regla del club de la pelea es que
no se habla del club de la pelea). La primera, y la más importante de las
reglas de Orbi es: respetar el no de
los demás.
5.- Según la leyenda, a las fiestas de
Rodrigo acuden algunas celebridades menores, como cierta actriz de la
televisora del Ajusco. Al menos eso es lo que se lee en las reseñas que Rodrigo publica en su grupo de discusión en
Internet. Aunque en ellas nunca dice si la celebridad participa activamente del
gang bang, o si sólo acude en plan vouyer. Si quieres saber de quién se trata,
y lo que hace, dice Rodrigo en las reseñas, tendrás que asistir a una fiesta.
También, de cuando en cuando, acuden algunas de las celebridades del “ambiente”
de la ciudad de México. Travestis; bailarines; físico culturistas y scorts. Hay
una pareja preciosa, me cuenta Rodrigo, parecen Ken y Barbie. Nomás cojen entre
ellos, pero les gusta que los vean. Cuando vienen es todo un éxito.
Esta noche no hay visitas
especiales. Allá están los veteranos, el núcleo duro de las reuniones: tres
parejas y tres mujeres solas, todos mayores de cuarenta. En aquella
otra esquina están los travestis, casi todos, lo confiesan, de closet. Acuden a
las fiestas para salir al balcón cuando menos unas horas a la semana.
Curiosamente todos visten conjuntos de ropa interior negra.
Dentro del grupo de
hombres solos destacan los militares, su corte de cabello y su manera de
moverse, envarada y sigilosa, los delata. Junto a ellos está otro grupo de
hombres, uno que parece saber muy bien a lo que va. Son los asiduos, y al igual
que los militares no discriminan mujer o travesti. Siguen los turistas y los
exploradores, aunque son pocos y un aura indefinible los delata. Los turistas
resaltan como mosca en una taza de leche, suelen estar fuera de sitio en
cualquier lugar. Los exploradores –entre quienes me cuento- nos mimetizamos y
hacemos lo posible por pasar desapercibidos. Cosa que en realidad no resulta tan dificil, por extraño que parezca. No faltan los borrachos, por supuesto, o los que en determinado momento le piden a
Rodrigo que les devuelva su dinero porque “no hay viejas para cojer”. Cosa que no es
del todo cierta, suele haber un promedio de entre seis y doce mujeres por reunión. Aunque suelen estar ocupadas
con los más jóvenes, algunas de ellas “demasiado” ocupadas. Rodrigo les dice a los
borrachines que no están en un putero, y enérgico los invita a retirarse.
6.- La güera tiene cuarenta y ocho años,
o al menos eso es lo que me dice. No hay que olvidar que todos los que llegan
aquí lo hacen bajo una identidad secreta, no son las mismas personas que suelen
ser durante el día. De hecho, tienen otros nombres y otras historias. Yo mismo,
cuando la güera me pregunta cómo me llamo le digo que Jaime. Por cierto, vale
la pena describir a la güera: Es bajita, delgada, de piel bronceada y con el
pelo teñido de rubio cenizo, peinado como Bonnie Tyler en Total eclipse of the heart. Viste un conjunto de encaje negro
adornado con pequeñas calaveritas blancas colocadas estratégicamente a la
altura de los pezones y el pubis. Me cuenta que es originaria de Puerto
Vallarta, donde tiene su agencia de viajes y su Harley, pero que de momento está de vacaciones en la ciudad de
México. Me pregunta en qué trabajo y si estoy casado o tengo novia. Me pregunta
si ya he asistido antes a un club de sexo: ¿ni
si quiera has ido a uno swingers? Ante mi ignorancia decide contarme su
experiencia en clubes swinger y la diferencia de estos con Orbi:
–Yo no sabía de qué se
trataba este club, pensé que era swinger la primera vez que vine. Porque a mí
me gustan los tríos. ¿Pero sabes de qué se trata? Vienen a buscar hombres.
Fíjate allá –me dice señalando con un gesto de cabeza a la esposa de un
hombrecito silencioso y calvo-, se está poniendo de acuerdo con el chavo. Le
pregunta si se la quiere cojer y cuando el chavo le dice que sí, ella le dice que
con una condición, que se debe cojer al esposo también.
Según me dice la güera, y
a diferencia de lo que cuenta Rodrigo, hay noches en que sólo llegan diez o
quince personas. En contraste, hoy es una buena noche. A veces para atraer
gente, continúa la güera, Rodrigo contrata a alguna prostituta joven para que
venga de incógnito. Luego en las reseñas escribe que llegó a la fiesta una
chica joven y sola que hizo esto y aquello con fulano y sultano. El resultado,
por lo general, es que a la siguiente fiesta llegan muchos “nuevos”,
ilusionados con la joven ninfómana desconocida.
Es la una de la mañana y
yo tengo que retirarme. A esas alturas la historia que le he contado a la güera
acerca de mí se ha ampliado bastante. Le he dicho que soy contador público, casado,
y que mi esposa y yo queremos experimentar en este tipo de clubes, pero que
como nunca lo hemos hecho y nos da miedo llegar así sin saber nada, decidimos
que primero debía ir yo solo y valorar distintos clubes hasta encontrar el que
fuera más de acuerdo con nuestra personalidad y gustos. La güera festeja
nuestra decisión y me dice que mientras nos decidimos podríamos ir, mi esposa y
yo, a tomar una copa con ella, en su departamento. A ver que pasa, añade. Anota
su teléfono en una servilleta y antes de que me vaya me pide que la llame para
ponernos de acuerdo. Busco a Rodrigo, le doy mi contraseña y recibo a cambio la
bolsa negra con mi ropa dentro. Me visto en la misma sala donde me recibieron
y regreso a las calles de la ciudad. Antes de subir a mi coche observo una vez
más el edificio del que he salido. Quién lo dijera: parece dormir.
*Esta crónica apareció originalmente en la columna Parásitos del paraíso, que se publicó entre 2011y 2012 en el suplemento cultural Guardagujas, de La Jornada Aguascalientes. Sin embargo los hechos narrados ocurrieron durante 2008.
*Esta crónica apareció originalmente en la columna Parásitos del paraíso, que se publicó entre 2011y 2012 en el suplemento cultural Guardagujas, de La Jornada Aguascalientes. Sin embargo los hechos narrados ocurrieron durante 2008.

1 comment:
Muchas Felicidades Rodolfo JM!
Leer vuestra crónica me hizo
sentir que estaba ahí...
Simplemente genial
Excelente blog.
Un abrazo.
Lo.
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