1.-
Gang bang
es un término compuesto por dos palabras en inglés. Gang, que literalmente significa pandilla, y bang, onomatopeya que puede traducirse como estruendo, explosión, o
golpe. En el mundo de la pornografía el término se utiliza para identificar
aquellas películas en que una persona mantiene relaciones con más de tres
individuos. No hay que confundir con orgía, termino que implica un grupo de
personas en una situación en la que es posible el intercambio sexual entre
todos. El Gang bang es un ejercicio
de avidez, de resistencia, de sometimiento, y algunas veces de humillación. En
nuestro país dicha práctica podría traducirse, de manera poco literal aunque
con toda justicia, como “Echar montón”, a diferencia del “Todos contra todos”
que implica la orgía. Y contrario a la creencia de que esas cosas no suceden en
nuestra casa, déjeme decirle, estimado lector, que en “el ambiente” de la
ciudad de México ambas prácticas son más que una moda.
2.- Lo primero que llama la atención de
estas fiestas, a diferencia de los clubes swinger
(heterosexuales y gays) que sólo permiten el acceso a personas de su
preferencia sexual, es su democracia.
Somos
un grupo de personas bisexuales disfrutando libremente de su sexualidad. Gays,
Transgeneros, y Heteroflexibles ¡bienvenidos!
Así dice el mensaje de bienvenida en
la página de Internet de Orbi, grupo
pionero en la organización de fiestas gang
bang en la Ciudad de México. Lo siguiente a tomar en cuenta es su
accesibilidad. A diferencia de los ya mencionados clubes privados cuyas
membresías se reparten a cuentagotas, para poder asistir a las reuniones de Orbi sólo es necesario darse de alta en
su foro de Internet. Allí se puede tener acceso al directorio de usuarios, a
los álbumes de fotos y sobre todo al calendario de fiestas. Si se está
interesado en acudir a alguna se debe llamar a un teléfono móvil donde el
fundador y anfitrión de Orbi,
Rodrigo, dará santo y seña.
La dinámica de las
fiestas según se lee en las reseñas que Rodrigo escribe cada semana en el foro,
es la que sigue: recepción de asistentes de siete a once de la noche, hora en
que se cierra la puerta y dan inicio los juegos, que van desde lanzamiento de
dados hasta competencias de penes o nalgas. Después, cuando las inhibiciones se
han relajado lo suficiente, en uno de los cuartos inicia el gang bang. Suele ser una, o dos, en
ocasiones tres, las anfitrionas dispuestas a recibir a cuantos quieran y
puedan. Los interesados se congregan alrededor de la cama que ocupa la anfitriona
y mientras observan esperan su turno. No es todo, hay otras habitaciones, en cada una está sucediendo algo.
3.- De acuerdo a las instrucciones en la
página de Internet de Orbi, me di de
alta como usuario en su foro. Un par de días más tarde recibí la autorización a
mi solicitud. Las autorizaciones las realiza el propio Rodrigo, quien me
explica que por regla general sólo rechaza aquellas de “gentes que de plano se
leen muy enfermas”. Aprovechando mi estatus de nuevo socio lo primero que
hice fue revisar el calendario de fiestas. La más cercana sería ese mismo
viernes y para mi suerte sería una noche de “fantasías”. “Gang bang, Bukkake, Dobles y triples penetraciones. Gran noche de
fantasías. ¡Ven a cumplir la tuya!” Llegado el viernes, alrededor de medio
día, marqué el número que aparecía en la convocatoria. Me respondió la voz de
un hombre joven. Le dije que estaba interesado en asistir a la reunión de esa
noche. Sin dudarlo, la voz me dio un domicilio y una contraseña.
-Cuando toques el
interfón –me dijo- te van a preguntar a quién buscas. Diles que vas al ensayo
de la obra de teatro.
Ese
mismo día, ya de noche, me estacioné frente al edificio donde se realizan las
reuniones de Orbi y observé a mi
alrededor: las calles lucían tranquilas, solitarias incluso para una noche de
viernes. Un taxi se detuvo junto a mí y una pareja salió de sus puertas. Por la
edad y el físico bien podrían haber sido mis vecinos de departamento: un contador público y una ama de casa, ambos en sus cincuenta, con dos
hijos adolescentes y otro más en la primaria. Les observé tocar el timbre del
mismo departamento que yo había ido a visitar. “Venimos al ensayo de la obra de
teatro”, les escuché decir ante el interfón. La puerta del edificio se abrió
para ellos.
*Esta crónica apareció originalmente en la columna Parásitos del paraíso, que se publicó entre 2011y 2012 en el suplemento cultural Guardagujas, de La Jornada Aguascalientes. Sin embargo los hechos narrados ocurrieron durante 2008.

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