Tuesday, February 12, 2013

Gang bang Ciudad de México I


1.- Gang bang es un término compuesto por dos palabras en inglés. Gang, que literalmente significa pandilla, y bang, onomatopeya que puede traducirse como estruendo, explosión, o golpe. En el mundo de la pornografía el término se utiliza para identificar aquellas películas en que una persona mantiene relaciones con más de tres individuos. No hay que confundir con orgía, termino que implica un grupo de personas en una situación en la que es posible el intercambio sexual entre todos. El Gang bang es un ejercicio de avidez, de resistencia, de sometimiento, y algunas veces de humillación. En nuestro país dicha práctica podría traducirse, de manera poco literal aunque con toda justicia, como “Echar montón”, a diferencia del “Todos contra todos” que implica la orgía. Y contrario a la creencia de que esas cosas no suceden en nuestra casa, déjeme decirle, estimado lector, que en “el ambiente” de la ciudad de México ambas prácticas son más que una moda.

2.- Lo primero que llama la atención de estas fiestas, a diferencia de los clubes swinger (heterosexuales y gays) que sólo permiten el acceso a personas de su preferencia sexual, es su democracia.
Somos un grupo de personas bisexuales disfrutando libremente de su sexualidad. Gays, Transgeneros, y Heteroflexibles ¡bienvenidos!
Así dice el mensaje de bienvenida en la página de Internet de Orbi, grupo pionero en la organización de fiestas gang bang en la Ciudad de México. Lo siguiente a tomar en cuenta es su accesibilidad. A diferencia de los ya mencionados clubes privados cuyas membresías se reparten a cuentagotas, para poder asistir a las reuniones de Orbi sólo es necesario darse de alta en su foro de Internet. Allí se puede tener acceso al directorio de usuarios, a los álbumes de fotos y sobre todo al calendario de fiestas. Si se está interesado en acudir a alguna se debe llamar a un teléfono móvil donde el fundador y anfitrión de Orbi, Rodrigo, dará santo y seña.
La dinámica de las fiestas según se lee en las reseñas que Rodrigo escribe cada semana en el foro, es la que sigue: recepción de asistentes de siete a once de la noche, hora en que se cierra la puerta y dan inicio los juegos, que van desde lanzamiento de dados hasta competencias de penes o nalgas. Después, cuando las inhibiciones se han relajado lo suficiente, en uno de los cuartos inicia el gang bang. Suele ser una, o dos, en ocasiones tres, las anfitrionas dispuestas a recibir a cuantos quieran y puedan. Los interesados se congregan alrededor de la cama que ocupa la anfitriona y mientras observan esperan su turno. No es todo, hay otras habitaciones, en cada una está sucediendo algo. 

3.- De acuerdo a las instrucciones en la página de Internet de Orbi, me di de alta como usuario en su foro. Un par de días más tarde recibí la autorización a mi solicitud. Las autorizaciones las realiza el propio Rodrigo, quien me explica que por regla general sólo rechaza aquellas de “gentes que de plano se leen muy enfermas”. Aprovechando mi estatus de nuevo socio lo primero que hice fue revisar el calendario de fiestas. La más cercana sería ese mismo viernes y para mi suerte sería una noche de “fantasías”. “Gang bang, Bukkake, Dobles y triples penetraciones. Gran noche de fantasías. ¡Ven a cumplir la tuya!” Llegado el viernes, alrededor de medio día, marqué el número que aparecía en la convocatoria. Me respondió la voz de un hombre joven. Le dije que estaba interesado en asistir a la reunión de esa noche. Sin dudarlo, la voz me dio un domicilio y una contraseña.
-Cuando toques el interfón –me dijo- te van a preguntar a quién buscas. Diles que vas al ensayo de la obra de teatro.
          Ese mismo día, ya de noche, me estacioné frente al edificio donde se realizan las reuniones de Orbi y observé a mi alrededor: las calles lucían tranquilas, solitarias incluso para una noche de viernes. Un taxi se detuvo junto a mí y una pareja salió de sus puertas. Por la edad y el físico bien podrían haber sido mis vecinos de departamento: un contador público y una ama de casa, ambos en sus cincuenta, con dos hijos adolescentes y otro más en la primaria. Les observé tocar el timbre del mismo departamento que yo había ido a visitar. “Venimos al ensayo de la obra de teatro”, les escuché decir ante el interfón. La puerta del edificio se abrió para ellos.


*Esta crónica apareció originalmente en la columna Parásitos del paraíso, que se publicó entre 2011y 2012 en el suplemento cultural Guardagujas, de La Jornada Aguascalientes. Sin embargo los hechos narrados ocurrieron durante 2008.

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