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Si bien es posible distinguir con claridad una estirpe de autores que ha cultivado exclusiva y constantemente la narrativa de terror, sobre todo en países de habla inglesa, también es posible encontrar sus huellas en otras geografías.
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En México los escritores se han caracterizado históricamente por su tendencia al costumbrismo, sin embargo existe una constante macabra que se refleja no sólo en la narrativa sino en la poesía e incuso en la pintura.
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Tenemos a nuestros escritores “excéntricos”, esa lista que incluye entre otros a Juan José Arreola, Amparo Dávila, Francisco Tario y Guadalupe Dueñas. Todos ellos escribieron al menos un relato que incluye elementos que podrían enmarcarse sin problemas dentro de la narrativa de terror. Pero también lo hicieron Carlos Fuentes, Juan Rulfo, José Emilio Pacheco y Elena Garro, escritores consagrados.
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Aura, de Carlos Fuentes, y Pedro Páramo de Juan Rulfo, son el ejemplo perfecto. Aura es una historia de terror sobrenatural, y Comala es un pueblo habitado por fantasmas.
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En la literatura nacional hay cierto estigma sobre los mal llamados subgéneros literarios, familia en la que suele incluirse al terror, la ciencia ficción y el policíaco. A los que se acusa de lesa literatura, o en el mejor de los casos, mero entretenimiento.
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México es un país con una tradición oral muy rica. De las historias que nos contaron nuestros mayores, historias que a su vez escucharon ellos durante su infancia, y que nosotros seguimos cultivando, la mayoría son “de miedo”. La llorona, los nahuales, el hombre del costal, la mano peluda y las historias de día de muertos, todas forman parte de nuestra educación sentimental. En este contexto, lo natural, a simple vista, sería encontrar un campo fértil para la práctica de la narrativa de terror.
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Dice el escritor Bernardo Esquinca, y dice bien, que México es un país cuya historia cuenta con marcados elementos de religiosidad y superstición; un país al que le ha costado mucho trabajo reconciliarse con su pasado, y quizá esto redunde en la poca atención que sus autores han dado a lo sobrenatural.
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Aventuro una hipótesis complementaria: La cercanía histórica entre los intelectuales y el Estado, en particular con los gobiernos “de la Revolución”, ha institucionalizado el costumbrismo en las letras nacionales. Un escritor que no se ampara a dicha sombra es un “excéntrico”.
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Aunque el ninguneo prevalece, los autores nacidos en México a partir de 1960 han comenzado a revertir esta situación. Se trata de autores que escucharon las historias de los abuelos, que han leído a los clásicos universales e hispanoamericanos, pero que también crecieron con un televisor en casa y que han visto al menos una película de monstruos gigantes. Para ellos la cultura pop es parte vital de su ecosistema.
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A propósito, los monstruos más famosos (el vampiro, el hombre lobo, el zombi –el monstruo moderno por excelencia) han sido asimilados por la cultura popular, y si bien todavía protagonizan relatos de terror no siempre es el caso. No es raro encontrarlos en comedias y parodias de todo tipo.
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Es importante reiterarlo: la literatura de terror no descansa necesariamente en los monstruos, aunque estos sean un elemento importante; tampoco depende del extrañamiento ante lo sobrenatural, o lo cósmico. El miedo quizá sea la emoción humana más básica, el miedo a lo desconocido, a la enfermedad, a la oscuridad y al dolor. Algunos de los mejores textos de terror que se escriben en la actualidad son los que exploran estos miedos.
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La literatura de terror que se está escribiendo en México hoy día goza de buena salud. Aún es poca, pero es lo suficientemente variada y original para demostrar que no se trata de ninguna moda ni de una adaptación de lo que se hace en otros países.
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Algunos de los libros mexicanos contemporáneos que me parece reflejan mejor lo dicho son: La ruta del hielo y de la sal (José Luis Zárate), Los niños de paja, Demonia (Bernardo Esquinca), Fantásmica (Carlos Bustos), Olfato (Andrés Acosta), El mecanismo del miedo (Norma Lazo), El diablo me obligó (FG Haghenbeck), El libro de las pasiones (Mario González Suárez), La noche caníbal (Luis Jorge Boone), De oscuro latir, Entonces las bestias (Federico Vite), 7 esqueletos decapitados (Antonio Malpica), El abismo: asomos al terror hecho en México (Rodolfo JM).
Saturday, March 09, 2013
13 ideas sobre la literatura de terror hecha en México
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