Este sábado 28, en el marco del III Encuentro de Escritores del Pacífico, y con padrinos de lujo: Iris García, y Federico Vite, se presentará Negras intenciones, en la Casona de Juárez. A las 11:00; inmediatamente después y ahí mismo, Élmer Mendoza y Ángel Carlos Sánchez presentarán 2 caminos, de Paul Medrano. Y por la tarde, regresando de la comida, se presentará Cómo me hice poeta, de Andrés Acosta.
Por cierto, un día antes, a las 17:00 hrs, en el Instituto Internacional de Estudios Políticos Avanzados de la Universidad Autónoma de Guerrero, y como parte del encuentro, habrá una lectura de obra en la que participaré leyendo un cuento del nuevo -e inédito- libro.
Para consultar el programa de actividades completo, que por cierto arrancaron hoy, sólo tienes que dar clic aquí.
Este jueves 19, a partir de las 21:00 hrs, y como parte de las actividades festejo por los primeros 7 años de Radio efímera , se trasmitirá desde el MAM la tercera jornada de Se traspasa, proyectos nómadas, conversaciones nocturnas con personajes noctivagos entre los que hay algunos escritores. Yo estaré, junto con el maestro Alberto Chimal, y Moon rider, platicando de 4:00 a 6:00 de la mañana sobre pornografía y sus alrededores. Aquí la programación completa.
No es bueno llegar con expectativas a un libro, a un disco, a una película. Pero es tan difícil no hacerlo... Sólo queda guardar distancia a la hora de las conclusiones. Aceptar, al menos internamente, que nuestro juicio está contaminado por tantas reseñas, opiniones, críticas, etiquetas, prejuicios, teasers, como queramos enumerar, y que eso no es garantía suficiente de objetividad.
Un ejemplo: Me acerqué a The Umbrella academy, porque Paco Haghenbeck me insistió en que lo hiciera. Me dijo que no me dejara llevar porque el autor fuese un emo, es decir Gerard Way, el vocalista de My chemical romance. Olvidate de quién lo escribió, es el mejor comic en años. Me dijo. Y allá fui. Lo acepto, sin la recomendación jamás me hubiera acercado a la novelita, pero capté el mensaje. Es decir: La obra, no la firma. Y es que en verdad, más allá de todos los parecidos que le quieras encontrar con la Doom Patrol de Grant Morrison, The Umbrella Academy merece tu atención. Creelo. . Y ya que me estaba quitando prejuicios decidí que el mejor soundtrack para leer The Umbrella academy no podía ser otro que The black parade, de los susodichos MCR. La verdad es que en ese momento lo hice por curarme en salúd, pero no tardé mucho en darme cuenta de que me equivocaba. Es decir: sí, encontré horribles algunos coros, ciertas letras, y en algunos momentos la voz. Pero... quizá por el buen sabor de boca que me dejó Apocalipse Suite, me atrevo a pensar que tal vez, sólo tal vez, todos hemos malentendido a MCR. .
Es decir, visto sin anteojeras el Black parade, más que un disco emo, es una puesta en escena, un disco en la vena de Ziggy Stardust & The Spiders from Mars, o inlcuso de The Wall. Y no, no me refiero al obvio parecido de The end (pieza inicial del Black parade) con 5 years e In the flesh (piezas iniciales de los discos citados), sino a la intención casi teatral de contar e interpretar una historia, maquillaje incluido. Claro, todos opinamos que la historia que cuenta MCR es una niñería comparada con los discos de Bowie y los Floyd, pero ¿qué a principios de los 70's los adultos no opinaban los mismo de David Bowie por sus personajes y su ambivalencia más allá de lo sexual? ¿No decían que la de Pink Floyd era música de drogadictos? .
Al menos a mí, si algo me queda claro de este ejercicio es que Gerard Way, a quien habrá que tener presente de aquí en adelante, por muy odioso que pueda ser, tiene excelentes influencias y no les hace mal los honores. Cosa que otros artístas más serios y respetados ya quisieran.
Hay obras que pueden llegar a dejarme una impresión tan profunda que a pesar de todas las cosas inteligentes que quisiera decir sobre ellas, cosas de esas que cuando vuelves a leerlas te sorprende sean tuyas, me quedo presa del pasmo. Esto me acaba de suceder con Black hole, la novela gráfica de Charles Burns y a la que llegué por recomendación de Bernardo Esquinca. En menos de un mes la he leído 3 veces (ayer en la noche la última) y el estado emocional en que me ha dejado sólo puede ser descrito como: una mezcla resinosa de tristeza, melancolía y enojo. Algo muy similar a la sensación que me dejó la novela de Jeffrey Eugenides, Las vírgenes suicidas. De hecho, mientras visitaba el universo de Charles Burns (el dibujante más obsesivo del mundo, en palabras del buen BEF), no dejaba de remitirme a la novela de Eugenides y a ciertas escenas de la película de Sofía Coppola (Kristen Dunst dormida en un campo de futbol americano, con su corona de reina de la graduación, abandonada luego de una torrida noche). No es gratuito. Ambas novelas están ambientadas en los años 70's y tienen como protagonistas a un grupo de adolescentes de suburbio norteamericano. Pero sobre todo comparten una visión desoladora del porvenir, un sentimiento de no pertenecer al mundo, y el convencimeinto de que crecer pueder ser una experiencia aterradora.
.
En Black hole se cuenta sobre un virus de transmisión sexual, "the bug", que sólo afecta a adolescentes y que se manifiesta en diferentes formas, desde ligeros sarpullidos en la piel a dramaticas deformaciones que incluyen la aparición de nuevos y extraños miembros corporales. Sin embargo eso es sólo el pretexto, la puerta de un pasillo que conduce a zonas más oscuras y sórdidas que muchos encontraran perturbadoramente familiares. El estilo de Burns, onírico y realista a la vez por el cuidadoso detalle de sus trazos, la ausencia de color y el alto contraste (totalmente distinto a, por ejemplo, el alto contraste de Frank Miller), así como la prosa breve y dura, completan la bomba. . Como puede esperarse, en algunos sitios de internet ya se habla de una adaptación cinematográfica e incluso se dice que podría ser dirigida por David Fincher. Tal rumor tiene ya 2 años circulando por lo que me parece una fantasía húmeda de fan calenturiento. Lo cierto es que la serie de fotografías basada en algunos de los retratos que aparecen en la novela, fruto de la colaboración entre el fotógrafo Max Oppenheim y el maquillista Bill Turpin hacen desear que los rumores sean algo más que eso. Habrá que estar al tanto.