Friday, August 13, 2010

La adolescencia es un hoyo negro

Hay obras que pueden llegar a dejarme una impresión tan profunda que a pesar de todas las cosas inteligentes que quisiera decir sobre ellas, cosas de esas que cuando vuelves a leerlas te sorprende sean tuyas, me quedo presa del pasmo. Esto me acaba de suceder con Black hole, la novela gráfica de Charles Burns y a la que llegué por recomendación de Bernardo Esquinca. En menos de un mes la he leído 3 veces (ayer en la noche la última) y el estado emocional en que me ha dejado sólo puede ser descrito como: una mezcla resinosa de tristeza, melancolía y enojo. Algo muy similar a la sensación que me dejó la novela de Jeffrey Eugenides, Las vírgenes suicidas. De hecho, mientras visitaba el universo de Charles Burns (el dibujante más obsesivo del mundo, en palabras del buen BEF), no dejaba de remitirme a la novela de Eugenides y a ciertas escenas de la película de Sofía Coppola (Kristen Dunst dormida en un campo de futbol americano, con su corona de reina de la graduación, abandonada luego de una torrida noche). No es gratuito. Ambas novelas están ambientadas en los años 70's y tienen como protagonistas a un grupo de adolescentes de suburbio norteamericano. Pero sobre todo comparten una visión desoladora del porvenir, un sentimiento de no pertenecer al mundo, y el convencimeinto de que crecer pueder ser una experiencia aterradora.
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En Black hole se cuenta sobre un virus de transmisión sexual, "the bug", que sólo afecta a adolescentes y que se manifiesta en diferentes formas, desde ligeros sarpullidos en la piel a dramaticas deformaciones que incluyen la aparición de nuevos y extraños miembros corporales. Sin embargo eso es sólo el pretexto, la puerta de un pasillo que conduce a zonas más oscuras y sórdidas que muchos encontraran perturbadoramente familiares. El estilo de Burns, onírico y realista a la vez por el cuidadoso detalle de sus trazos, la ausencia de color y el alto contraste (totalmente distinto a, por ejemplo, el alto contraste de Frank Miller), así como la prosa breve y dura, completan la bomba.
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Como puede esperarse, en algunos sitios de internet ya se habla de una adaptación cinematográfica e incluso se dice que podría ser dirigida por David Fincher. Tal rumor tiene ya 2 años circulando por lo que me parece una fantasía húmeda de fan calenturiento. Lo cierto es que la serie de fotografías basada en algunos de los retratos que aparecen en la novela, fruto de la colaboración entre el fotógrafo Max Oppenheim y el maquillista Bill Turpin hacen desear que los rumores sean algo más que eso. Habrá que estar al tanto.

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