
Uno de mis sueños más recurrentes es soñar con libros.
No libros famosos, nada de libros míticos y de contenido secreto.
Se trata de algo más sencillo y a la vez más intrigante.
Por lo general sueño que estoy en lugares poco comunes para albergar una librería: Grandes hoteles, hospitales, centros deportivos, estaciones del metro, balnearios; pero sobre todo tianguis. Tianguis llenos de puestos: comida, ropa, discos. Pero entre esos puestos nunca falta por lo menos uno que ofrezca libros.
Al igual que en la vida real, me es imposible no acercarme a curiosear a estos locales y puestos. Lo que allí encuentro no es ningún libro de autor conocido, ni copias de mis títulos favoritos. Por el contrario, lo que hay son obras de autores que nunca antes he oído mencionar, libros de atractivas portadas y no pocas veces con brillosas láminas ilustradas en su interior. Libros cuyas ediciones no se parecen a las que hay en el mercado... bueno, exceptuando las más lujosas.
Y claro, como en la mayoría de los sueños; siempre despierto con la sensación de recordar cada detalle, sin embargo al querer traer a la memoría el título de alguno de esos libros, o los nombres de sus autores, sólo consigo una imagen borrosa.
El día de ayer fue la excepción.
Soñé con un puesto de libros, uno callejero y en el que, a diferencia de los que pueblan mis sueños con regularidad, había muchos ejemeplares usados. No fue la única variación. Recuerdo con exactitud pasmosa haber encontrado entre esos libros un ejemplar de "Informe negro", de Francisco Hinojosa.
Recuerdo haber tomado el libro, revisar su estado, e incluso haberlo hojeado (la tipografía era Book antiqua), aunque no recuerdo más. Ni editorial, ni portada (salvo que era de color crema con letras negras), ni siquiera recuerdo si lo compré o no.
Muy extraño...
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